«PADRE LACO»: SERVIDOR DEL EVANGELIO, DE LOS POBRES Y DE LA HERMANA TIERRA

Publicado Julio 17, 2018

Por Hno. Sabás Cristóbal García González

En este día peculiar, 16 de julio de 2018, la comunidad claretiana y los feligreses de la parroquia Nuestra Señora de la Esperanza nos unimos a la eucaristía, presidida por el P. Carl Quebedeaux, cmf., en la que celebramos los 169 años de la fundación de nuestra congregación de Misioneros Claretianos y el 12 aniversario luctuoso del P.

En este día peculiar, 16 de julio de 2018, la comunidad claretiana y los feligreses de la parroquia Nuestra Señora de la Esperanza nos unimos a la eucaristía, presidida por el P. Carl Quebedeaux, cmf., en la que celebramos los 169 años de la fundación de nuestra congregación de Misioneros Claretianos y el 12 aniversario luctuoso del P. Heraclio Pérez García, cmf., mejor conocido como «Padre Laco», cuya vida misionera al estilo de Jesús y de Claret, guardan muy bien en su memoria los pobres de esta parroquia.

Las y los feligreses que conocieron más de cerca la vida y misión del «Padre Laco» nos compartieron sus testimonios, llenos de frescura y emotividad. Entre las diferentes facetas de este claretiano con talante profético hay que rescatar lo siguiente. El «Padre Laco» fue ante todo un misionero que vivió a profundidad su compromiso cristiano desde la opción por los pobres y compartió con ellos la misma suerte. A los pobres les trasmitió su pasión por reino de Dios, que tiene que ver con la lucha continua por una vida más digna y humana, especialmente, para los migrantes arribados a las tierras desérticas de Ciudad Juárez.

Para muchos fieles la figura del «Padre Laco» les evocó la misma vida de Jesús, porque vieron en él a un hombre servidor del Evangelio y con entrañas de misericordia hacia aquellos que necesitaban algún alimento, comida, ropa, despensas o medicamentos. Más de alguno lo tiene por «santo» e intercesor y aseguran que les ha obrado algún «milagro». ¿Pero que otro milagro podemos esperar del «Padre Laco»?... Él mismo cuando aún vivía hizo muchos signos en favor de los demás y esa cercanía liberadora, no fácilmente se olvida, porque a los pobres les devolvió la esperanza de que otro mundo de fraternidad y justicia es posible. Los frutos se ven reflejados en gran cantidad de creyentes que quedaron transformados en «personas nuevas» una vez que entraron en contacto directo con él.

En el corazón del «Padre Laco» todos tenían un espacio y aseguran que siempre dedicaba su tiempo para atender a las personas. Algunos acudían a este insigne misionero buscando algún consuelo ante sus problemas o para pedirle alguna orientación acerca de los desafíos sociales del entorno. Su gran solidaridad con el dolor ajeno lo reflejó en su cercanía con las víctimas de la violencia, con los hambrientos, los migrantes y no se restringió esfuerzo alguno para salir en auxilio de aquellas familias que habían quedado sin nada cuando sus casas fueron incendiadas.

Todos admiran en el «Padre Laco» su trabajo incansable, su libertad profética para señalar la injusticia social, sus caminatas intensas en medio de los arenales del desierto, las verbenas populares y las peregrinaciones con Santa María de la Esperanza. No puede pasar inadvertido el espíritu ecológico del «Padre Laco» —tal vez, se «adelantó» en practicar los valores que propone la encíclica Laudato si’ del Papa Franciscoporque con su estilo de vida proclamaba que la «ecológica integral» era y sigue siendo una tarea necesaria. En él «se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior» (Laudato si’, 10). Por eso, no era extraño que el espacio de la parroquia fuese un vergel con variedad de verduras, nopales, alfalfa y árboles frutales.

Los testimonios de coherencia cristiana del «Padre Laco» son abundantes y al mismo tiempo nos interpelan, tanto a los claretianos como a los feligreses, a «encarnar» y actualizar su mensaje profético y liberador, porque no es suficiente recordar los «mejores tiempos» de un hombre justo, como si se tratara de una pieza de museo, sino de «amar lo que él amó y en llevar a la práctica lo que él nos enseñó» (Dir. Esp. CMF, 38). En definitiva, «El Padre Laco no está muerto, ¡sigue vivo!» así lo han dicho muchas voces y cada creyente tiene el compromiso de no permitir que otros quieran silenciar su memoria porque «la historia no callará».

Hno. Sabás Cristóbal García González, cmf.

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