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MENSAJE DE APERTURA DEL CONSEJO PROVINCIAL DE FIN DE AÑO

Publicado Diciembre 26, 2018

Por P. Enrique Mascorro López, cmf

Queridos hermanos, bienvenidos a nuestro Consejo Provincial de fin de año

En febrero próximo cumpliremos tres años de haber recibido la confianza para acompañar la vida y misión de nuestra Provincia Claretiana. Estamos a mitad del camino. Es buena oportunidad para dialogar la experiencia recorrida, con sus aciertos y dificultades, con el fin de hacer los posibles y necesarios ajustes.

Nuestro servicio, se los he dicho en otro momento, lo estamos ofrecemos en una coyuntura de desconcierto cultural y por lo tanto de significado. Tópicos como la post verdad, la cultural líquida, la crisis de las instituciones, etc., lo evidencian. Esta realidad reta la vida religiosa y concretamente a nosotros Claretianos. Debemos preguntarnos sin perder la paz ¿Cómo asumir este reto?

La reflexión cotidiana nos indica la necesidad de encuadrar la actual crisis o reto de la vida religiosa desde la triple “R”. Reducción, Reubicación y Resignificación. También esto lo hemos mencionado en otro consejo provincial; pero, por su importancia, vale la pena rescatarlo.

La Reducción, expresada en la disminución del personal y las pocas vocaciones, nos reta a mantener la cabeza en alto. Antes de claudicar el sueño de Claret, nos sentimos llamados a promover, como alternativa, la misión compartida (MC). Concretamente, la MC nos invita a apostar por una Iglesia comunión, con la pluralidad de carismas y ministerios. No podemos permitir la depresión o el desencanto por contar con pocas vocaciones. El P. General, en el reciente aniversario congregacional, nos invitó a no perder el celo misionero aún cuando un organismo experimentara la disminución de las vocaciones. Este llamado se dirige en primer lugar a nosotros, miembros del consejo provincial.

La Reubicación nos ha permitido formular preguntas, como ¿estamos donde debemos estar?, ¿privilegiamos nuestro acompañamiento a los descartados y sufrientes del camino? Si el reto de la reducción resaltaba la misión compartida, la Reubicación resalta la Iglesia en salida.

La revisión de posiciones, compromiso de la XIV Asamblea Provincial, nos guio a tomar decisiones serenas y confiadas para ubicarnos donde el carisma nos urge. Si el limitado número de misioneros fuera la única razón para urgir la revisión y la reubicación misionera, su resultado sería pobre y lamentable.

El reto de la Resignificación para la Iglesia, y en particular para la vida religiosa, no nos exige inventar nuevos significados sino recuperar lo propio, la vivencia de la utopía del Evangelio. Concretamente, nuestra vida en el mundo resultará significativa cuando convertimos cada sede misionera y cada sede formativa en casa, hospital y escuela, metáforas sugeridas por el Papa.

La casa es el lugar donde estamos bien con los hermanos, donde nos sentimos seguros, descansamos y recreamos las fuerzas desgastadas. También allí el Espíritu nos renueva. Al parecer, la mayoría de los abandonos vocacionales en la etapa inicial y permanente se deben al crecimiento de las hostilidades y la frialdad de las relaciones interpersonales. ¡Cuánto podemos advertir y crecer en este compromiso!

La casa debe ser un lugar de acogida para todos y especialmente para aquellos que experimentan la soledad y orfandad. Nos atrevemos a afirmar: cuando nuestras sedes misioneras poco se distinguen de los lugares oficiales y burocráticos los bautizados terminan por alejarse. La crisis de nuestra Iglesia y de nuestra provincia, en gran parte, se debe a la crisis afectiva. Por lo tanto, necesitamos revisar nuestra disposición para escuchar a los necesitados y acompañar su proceso de sanación.

La metáfora del hospital también es importante para inspirar nuestro servicio misionero. Durante el trienio, en nuestro país, venimos siendo testigos de la violencia con sus miles de heridos y muertos. Muchas veces nos sentimos limitados para responder a tan grande sufrimiento. Sin embargo, cuando nuestras comunidades misioneras se convierten en auténticos hospitales que reciben con misericordia a todo tipo de heridos, les ofrecemos un pedazo de cielo. En ocasiones debemos reconocernos como los primeros heridos y necesitados del Médico de Jericó. ¡Cómo necesitamos, en primer lugar, reconocer nuestras heridas y pedirle a Él nuestra cura!

La escuela, la última metáfora citada por el Papa, resalta el lugar privilegiado para aprender con otros. Cuando un misionero, marcado por la autosuficiencia, abandona la necesidad de seguir aprendiendo empobrece su oferta evangelizadora. ¡Qué importante no perder nuestra inquietud por seguir aprendiendo! Lo podemos hacer especialmente en la escucha frecuentada en la oración, en el diálogo con los hermanos, en la lectura de un buen libro, en la asistencia a un taller, etc.

Al final del año, con la presente reflexión, intento motivar el trabajo programado para estos días de consejo. También los invito a pensar en nuestro compromiso provincial durante los próximos años. Para responder al reto de la cultura emergente, desde nuestra precariedad y como la levadura en la masa, ponemos nuestra confianza en Dios y nos ofrecemos al Corazón de María donde el Espíritu fragua la utopía del Reino.

¡Bienvenidos!

Morelia Mich., 19 diciembre 2018.

P. Enrique Mascorro López, cmf

Superior Provincial

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