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EDITORIAL BOLETÍN "CLARETIANOS" AÑO 36 N°1

Publicado Abril 29, 2019

Por P. Enrique Mascorro López, cmf

Queridos hermanos

Durante los recientes meses hemos acompañado la enfermedad y la muerte de seis misioneros claretianos de México.

Durante esta experiencia, dolorosa, nos ha sorprendido los innumerables mensajes publicados en las redes sociales. Claretianos, familiares y amigos cercanos a los fallecidos han agradecido a Dios por su vida entregada.

La disminución del número de misioneros de la provincia nos viene preocupando. Aunque también, más allá de una retórica barata, en el ejemplo de los grandes misioneros fallecidos Santiago Sánchez, Román A. Moreno, Luis Guzmán, Roger D. Martínez, Miguel A. Nieto y Baltazar Vilchis venimos encontrando la inspiración necesaria para vivir con radicalidad nuestro compromiso en la Iglesia.

Los mencionados misioneros dejaron su memoria viva, especialmente en algunas fotografías. Ellas revelan los rostros de hombres sencillos y alegres construyendo la comunidad y realizando con empeño la misión. Con su vida, podemos afirmar, nos anticiparon el Reino de Dios y recrearon su visión salvífica. Recuperemos algunas fotografías memorables.

Hombres sencillos en comunidad

La foto de Roger, con el mandil puesto, lo revela sirviendo la mesa con su alegría característica. A cada comensal pregunta por lo que se le ofrece. Cabe advertir, en su interior sus intestinos sangran por los divertículos; sin embargo, su rostro disimula el sufrimiento para complacer a sus hermanos.

Baltazar, también llamado “el escuincle”, a sus 96 años sonríe. El cansancio y la limitada salud, por los años acumulados, no vencen su buen estado de ánimo. Le gusta recordar con sus hermanos de comunidad su época de oro, vivida en Nuevo Laredo. Su corazón apenas trabaja, la vista disminuye paulatinamente y sus pasos son cada vez más cansinos. En una de sus últimas consultas médicas, después de confirmar sus múltiples limitaciones, afirma: “Caray doctor, parece que me estoy haciendo viejo”. Él y el médico tratante aparecen en la foto sonriendo por la ocurrencia.

Hombres sencillos en la misión

Tomemos dos fotografías reveladoras. En la primera aparece P. Román Ángel cargando a un niño tlapaneco. Se trata de un pequeño enfermo. La imagen nos recuerda los brazos y las manos del Padre amoroso acariciando al hijo pródigo en la obra de Rembrandt. Sí, para Román A., cargar al pobre y sencillo, acompañar su sufrimiento y promover sus derechos fue la brújula de su misión.

En la segunda fotografía aparece Santiago Sánchez manejando un jeep viejo, son los años ochenta. La pintura y la apariencia del vehículo revelan los estragos de los caminos montañosos y accidentados, en la Parroquia de Santa María Zacatepec, Oaxaca. Llega a la cabecera parroquial con la barba crecida y la ropa sucia. Después de semanas o meses dedicados a la enseñanza de la Biblia, regresa a la comunidad a recargar fuerzas.

Hombres sencillos y alegres

Desde el tiempo de nuestros misioneros, hoy recordados, nuestras comunidades son pequeñas, pero sobre todo significativas. Lo atractivo nuestro, para quienes nos visitan, lo revela la alegría de los hombres que oran, viven y trabajan en comunidad. P. Miguel A. Nieto mantuvo en su escritorio la frase “En las pequeñas cosas la gente se muestra tal cuál es”. Su fotografía elegida refuerza la frase mencionada; en ella aparece el rostro de un misionero educado y elegante; con la sonrisa y la mirada amable da la bienvenida a los aparentes visitantes.

El P. Luis Guzmán, recordado como el hombre sereno y de pocas palabras, aparece en uno de los ranchos de Jimulco. Sus pies calzan huaraches y viste ropa muy sencilla. Su foto revela el rostro de un hombre comprensivo, amable y cercano con todos, especialmente con los que tienen poco. A sus espaldas podemos distinguir una de las capillas por él construidas. En su sencillez, y sobre todo por su constancia, el Señor hizo grandes cosas.

En conclusión, desde el ejemplo de los misioneros hoy en la casa del Padre, nuestra misión en la Iglesia consiste en “anticipar el Reino de Dios a los hermanos, especialmente a los más pobres, desde el servicio sencillo y alegre”.

Gracias grandes misioneros, ¡Descansen en paz!

P. Enrique Mascorro López, cmf

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