CARTA DEL PADRE GENERAL A LA CONGREGACIÓN

Publicado Abril 02, 2020

Por P. Mathew Vattamattam, cmf
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Queridos hermanos:

La mayoría de nuestros hermanos están en situación de “cuarentena” en la mayoría de los países, colaborando con las autoridades civiles para evitar la propagación del COVID-19.

La extensión de la infección ha llegado a 200 países y territorios. El número de los recuperados está aumentando y la práctica del distanciamiento físico, el lavado de manos y otros medios propuestos están dando lentamente resultados positivos. Aunque todavía estamos desconcertados por este acontecimiento mundial sin precedentes históricos, lo afrontamos con fortaleza cristiana y nos unimos a todas las personas de buena voluntad que comparten lo mejor de nosotros para luchar contra el virus pandémico. El Señor está con nosotros en medio de la tormenta. La esperanza animada por el amor al prójimo y sostenida por la fe en el Señor de la vida nos impulsa a seguir adelante, a pesar de las provocaciones, las noticias falsas, las profecías de perdición y las teorías de conspiración que abundan en las aguas turbulentas de los medios de comunicación. Nos mantenemos anclados en el Evangelio del amor.

Recordemos lo que nos enseñan nuestras Constituciones: “Compartiendo las esperanzas y las alegrías, las tristezas y las angustias de los hombres, principalmente de los pobres, pretendemos ofrecer una estrecha colaboración a todos los que buscan la transformación del mundo según el designio de Dios” (CC 46).

Me alegra saber que los misioneros claretianos, en la mayoría de los lugares, nos hemos tomado en serio esta amenaza de virus y estamos respondiendo a ella de forma creativa y responsable. Después de las personas infectadas, las personas más afectadas son las que han estado viviendo en una situación de “precariedad” en la actual cuarentena. Son los pobres los que siempre pagan el precio cuando las cosas se escapan al control. Sería una terrible irresponsabilidad por parte de los seres humanos si el hambre mata a más personas que el virus en muchos países en cuarentena. Debemos ser sensibles a la situación de nuestros hermanos y hermanas que nos rodean, que están afectados de diversas maneras, y participar de cualquier manera posible para aliviar su difícil situación.

La cuarentena del COVID-19 no es un tiempo de “vacaciones” para nosotros misioneros. Es un tiempo para cumplir nuestra misión profética discerniendo respuestas “urgentes, oportunas y eficaces” en cada situación. Este año, las estaciones del viacrucis están en los hospitales, en las habitaciones de los enfermos, en los lugares de cuarentena y en los refugios de los pobres. He ahí algunas formas en las que podemos ser un Simeón llevando el madero de la cruz al lado de Jesús.

  1. Cuando sea necesario, nuestras instituciones deben estar abiertas para responder a la situación de emergencia de la pandemia. En algunos lugares hemos ofrecido las instalaciones de nuestros edificios para responder a las necesidades de emergencia, llegando a un entendimiento adecuado con las autoridades civiles.
  2. En muchos lugares nuestros hermanos han empezado a organizar la distribución de alimentos u otras ayudas para las personas afectadas por la cuarentena, uniendo sus manos con las de otros en una misión compartida.
  3. Siempre que sea apropiado debemos unir nuestras manos con las de otros para ofrecer el apoyo necesario de cara a aquellos servicios humanitarios, u otras ayudas necesarias, como voluntarios o colaboradores y, por supuesto, tomando las debidas medidas de seguridad de manera responsable.
  4. Dedicar un rosario comunitario o 30 minutos de adoración diaria en las comunidades, y como compromiso congregacional de llevar a la humanidad que sufre ante el Señor en la oración. A través de este gesto nos unimos a toda la Iglesia, que camina hacia la luz del Señor Resucitado, para implorar la liberación de la pandemia.

Es maravilloso que se estén tomando muchas iniciativas en todos nuestros Organismos Mayores compensando el “distanciamiento físico” con una “conexión espiritual” más profunda haciendo uso de internet y de los medios sociales. Me siento orgulloso de que nuestros hermanos den pasos innovadores para continuar realizando la pastoral educativa online, los servicios litúrgicos a través de streaming, y los programas catequéticos y bíblicos a través de zoomgo-to-meetgoogle hangout, u ofreciendo cursos profesionales online. Encontrar algo de tiempo personal para llegar a personas cercanas o lejanas que pueden estar solas o necesitadas de una palabra de consuelo, más allá del círculo de amigos y familiares, es una forma tangible de tejer nuestra fraternidad humana en nuestro globo. Ciertamente, sólo cuando aprendamos el arte de llegar a lo más profundo de nuestro ser, en la fuente del amor perdurable de Dios y en el silencio de nuestros corazones, podremos realmente llegar a los demás con el don del amor en sus diversas manifestaciones. La cuarentena es un momento para profundizar en esta dimensión mística de nuestra vida misionera.

Nuestro hermano Mons. Javier Travieso está mejorando día a día. Recibí la noticia de que uno de nuestros misioneros claretianos de Valladolid (España), y algunos familiares de misioneros claretianos están afectados por el COVID-19. Los mantenemos en nuestras oraciones. Doy gracias al Señor por mantener a nuestros hermanos sanos para servir a los demás. En Roma vivimos la cuarta semana de cuarentena con serenidad.

La ya cercana Semana Santa nos invita a contemplar el misterio de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor como el misterio de nuestra Salvación que nos permite vivir la actual realidad de la pandemia mundial a la luz de la resurrección. En el silencio de la cuarentena, procuremos no olvidar el susurro del Señor en nuestros corazones: “No temas, yo estoy contigo” (Is 41, 10).

Fraternalmente,

P. Mathew Vattamattam, CMF

Superior General

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