Saludos pascuales en familia claretiana

Publicado Abril 12, 2020

Por Est. Edgar S. Tapia, cmf
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«No nos dejemos robar la fraternidad»

Definitivamente pienso que algo bueno que esta pandemia ha traído es que nos ha obligado a pensar y repensar dónde está nuestro corazón; y sin duda, he podido constatar que el corazón de muchos, el mío incluido, está deseoso de encontrarnos, de abrazarnos. Mañana podremos hacerlo, pero hoy, hoy toca seguir cuidándonos unos a otros a la distancia.

Y por eso, en estas líneas quiero dejar hablar al corazón, el corazón de una familia que arde en caridad y que, en el día de Cristo victorioso que rompe las cadenas de la muerte, decide romper también las barreras de la distancia para encontrarse, para saludarse con gozo, para decirle al mundo que somos testigos del que da la vida, del que nos hermana y nos ayuda a vivir en comunión. Que somos testigos del Amor.

En el corazón, un poco loco, de un misionero se fraguó la idea de convocar a un encuentro virtual con misioneros y misioneras de la familia claretiana de distintas partes del mundo y así, copió y pegó una invitación y la mando a todo cuanto se le atravesó por sus redes sociales que comparte el espíritu de Claret. La convocatoria era para el Domingo de Pascua a las 13:00 hrs. de Ciudad de México, y las respuestas animosas no se hicieron esperar, pronto teníamos una lista extensa de quienes confirmaban su participación en el encuentro.

Llegó la hora y poco a poco las solicitudes para entrar a la sala virtual fueron apareciendo, uno de los primeros en llegar fue el P. Mathew Vattamattam, Superior General de la Congregación, y después de él fueron uniéndose desde Brasil, Argentina, España, México, Estados Unidos, Puerto Rico, Venezuela, República Dominicana, Centroamérica… fue maravilloso descubrir tantos rostros. Un aire de familia llenaba nuestra sala virtual, pese a que no podíamos estar físicamente juntos, un sólo corazón ardía en medio de nosotros.

Iniciamos nuestro encuentro con la presencia amorosa de nuestra madre María cantando el Regina Coeli, y entonces dimos la palabra al P. Mathew, quien saludó alegremente a todos los presentes y deseó una feliz pascua; después cada uno de los presentes pudo dirigir algunas palabras. La reunión parecía a una reunión familiar donde los miembros tienen mucho tiempo sin verse, todos querían compartir ampliamente y contar sus experiencias. Sin embargo, el tiempo también apremiaba.

En la medida en que avanzaba la reunión se sumaban más personas que al entrar a la sala virtual se alegraban y sorprendían de ver caras conocidas y de tener la oportunidad de saludarse, de reencontrarse, de saberse hermanos y hermanas. Algunos tuvieron dificultades para estar en la reunión, pero se hicieron presentes a través de mensajes grabados.

Además de la alegría de encontrarnos, cada uno fue compartiendo cómo viven en donde están la difícil situación que nuestro mundo padece, y el corazón se alegra de ver el testimonio y la creatividad de hermanos y hermanas que aún en el encierro no apagan su espíritu misionero, que deciden salir al encuentro de los otros, especialmente de quienes más están sufriendo ahora.

Al terminar, nuevamente el P. Mathew tomó la palabra, nos compartió que un misionero ha fallecido por el coronavirus, y algunos más han sido contagiados. Terminamos invocando juntos al Padre común.

Hoy todos hemos sido testigo de que compartimos la vida amorosamente con muchos hombres y mujeres tan distintos y siempre en comunión, que muchas veces no somos conscientes de que la riqueza de nuestra familia está en cada uno de los que la formamos, que el amor es nuestro lenguaje en común, y de que, en definitiva, nunca nos dejaremos robar la fraternidad, porque así lo hemos aprendido del Maestro Resucitado. ¡Feliz Pascua!

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