VIGILIA PASCUAL 2020

Publicado Abril 13, 2020

Por Est. Edgar Salgado Tapia, cmf
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Esta Semana Santa ha sido un tanto peculiar, sin duda quedará guardada en nuestra memoria por mucho tiempo, pues recordaremos aquellos días en que supimos tejer lazos de amor, unidad y humanidad en medio de las distancias físicas, supimos encontrarnos aprendiendo a navegar en mares que, algunos, poco conocíamos.

Este año vimos nuestros templos vacíos, pero nuestros corazones se llenaron del compromiso de que mañana podremos darnos un abrazo que nos humanice y humanice a los demás.

              Y así, en la noche en que Cristo nos recuerda que la muerte no tiene la última palabra, que siempre hay un mañana lleno de vida, invadimos internet construyendo capillas virtuales donde pudiéramos encontrarnos, y este fue el caso de nuestra celebración de la vigilia pascual.

Todos los elementos estaban preparados, el fuego ya ardía, cada quien tenía su vela, y distintos jóvenes nos acompañarían leyendo, pero en esta ocasión, cada uno desde su hogar. Llegó la hora de iniciar la celebración, la transmisión a través de RadioClaret México y sus páginas amigas comenzaba, y personas de distintas partes del país se unieron a esta capilla virtual.

Celebramos los ritos acostumbrados de la vigilia pascual, bendecimos el fuego, y en signo de unidad, a pesar de la distancia, quienes nos acompañaban encendieron también su cirio. Después de escuchar solemnemente el pregón pascual que nos anuncia la presencia de Dios en la historia, en el mundo, su palabra definitiva de que el amor siempre vencerá, comenzó la liturgia de la Palabra, y como es costumbre uno a uno, intercalados con salmos, fuimos escuchando la historia de salvación que nos lleva a descubrir a Jesús la Palabra humanizante y humanizadora de Dios.

Por fin, después de una larga cuaresma, cantamos con gozo la Gloria de Dios y poco más tarde el Aleluya, con el corazón aún en la espera de que pasando esta larga cuarentena que vivimos podamos también cantar la Gloria de Dios reunidos como Iglesia en el mundo valorándonos más unos a otros.

El P. Marcos, quien presidía nuestra celebración resaltó en su homilía los signos que acompañaban nuestra celebración, en las sillas vacías presentes, estaba el corazón de todos aquellos que no podían celebrar físicamente esta solemnidad, sobre todo aquellos que tampoco tienen los medios virtuales para acompañar las celebraciones. Resaltó también la centralidad de la Palabra de Dios que da vida, que sustenta nuestras vidas venciendo el miedo y el temor, llevándonos al amor, a la solidaridad, al encuentro, a la entrega.

Continuamos bendiciendo el agua, quienes nos acompañaban también tenían un poco de agua con ellos, renovamos nuestro compromiso de que Dios sea nuestro absoluto, y nos bendijimos con el agua unos a otros. Continuó la celebración, mientras en el altar de la capilla de la Fragua resplandecía el pan y el vino que para nosotros se vuelven cuerpo y sangre de Cristo, las personas también tenían pan y vino frente a ellos; y así, como las primeras comunidades, el pan y el vino se volvió signo de nuestra unidad.

Con que gozo y alegría hemos celebrado esta Eucaristía, jubilosos de que el Señor vive y acompaña a nuestro pueblo, al mundo entero. Mañana podremos volver a reunirnos en las Iglesias y podremos darnos un abrazo, pero hoy, hemos de permanecer en casa cuidándonos unos a otros.

¡La alegría del Resucitado sea nuestra fuerza!

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