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RACISMO EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Publicado Junio 17, 2020

Por P. René Pérez Díaz, cmf

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Los pasados hechos y reacciones ante la muerte violenta de un hombre afroamericano George Floyd sucedidos el 25 de mayo en Minneapolis, enmarcados en un contexto de pandemia y de tiempo pre-electoral en EUA, nos hacen llevar nuestras reflexiones a un marco temático más amplio: el racismo en tiempos pandemia.

Empezaremos fundamentando nuestra profundización, citando un texto del Nuevo Testamento, justo del libro que marca los comienzos de la primitiva Iglesia: “Ahora comprendo que para Dios todos somos iguales. Dios ama a todos los que lo obedecen, y también a los que tratan bien a los demás y se dedican a hacer lo bueno, sin importar de qué país sean” (Hch 10, 34-35).

Este texto que expresa el deseo de Dios sellado en su diseño de creación, haciendo al hombre a su imagen y semejanza (cf. Gn 1, 26), por lo tanto, estableciendo la igualdad entre todos, y que así lo concluye el apóstol Pedro, precisamente en un momento donde la Iglesia buscaba conciliar las “diferencias” entre judíos y gentiles, es un texto que fundamenta un proyecto divino original y expresa la comprensión de ese deseo de Dios.

Sin embargo, esa comprensión y aceptación humana de la implícita igualdad entre todos los seres humanos, parece replantearse en cada época y circunstancia: el caso de la afirmación del jefe de la Iglesia en sus comienzos nos sirve de eje. Todo el devenir de la historia nos marca el “vaivén” en la misma y opuesta dirección, como lo muestra la revolución francesa en el alto siglo XVIII, que ponía en su estandarte de lucha el logro de la igualdad, que en su momento se veía ensombrecida por el poder de una alta burguesía opresora.

Hasta el momento presente, siglo XXI, a 72 años de la declaración universal de los Derechos Humanos, que declara la igualdad entre todos los seres humanos, es decir, con un suficiente tiempo para asimilar lo que esa magna carta significa e implica, en medio de la crisis creada por la pandemia, contrario a lo racionalmente esperado, se parecen exacerbar los motivos para manifestaciones de xenofobia y racismo.

Primero fue la reacción ante la identificación del origen geográfico de este virus que azota al mundo, con actitudes de agresión irracional ante quien tuviera rasgos faciales de procedencia asiática, y ahora en un contexto muy específico como el que vive EUA, el país con más contagios y en un periodo previo a las elecciones, factores que parecen formar el “caldo de cultivo” para lo que ha ocasionado el hecho violento en contra de un hombre afroamericano, George Floyd.

Sin el espacio para adentrarnos más, podemos comenzar a concluir que en algunos casos de presión y de crisis (pérdida de poder, sentimiento de amenaza, etc.), el ser humano reacciona por instinto animal y no adopta actitudes que muestren la grandeza de la naturaleza que Dios le dio, lo cual es muy lamentable y nos interpela a hacer algo no sólo por reacción, sino en miras a una solución. Este momento histórico de pandemia y de aún muestras xenofóbicas y raciales, debe hacernos pensar que a esta humanidad aún le falta mucho por aprender y cambiar; ojalá que ocurra igual que con la acción  en movimiento de alguien que choca con algo que lo daña y simplemente corrige dirección, así también la humanidad lo haga y aprenda lo que esta pandemia nos está gritando, entre otras cosas que todos somos iguales y vulnerables ante ciertas amenazas, y que solo organizados y unidos podemos salir adelante. 

Cierro mi reflexión con la parte final del texto elegido de Hechos de los Apóstoles: “Dios ama… a los que tratan bien a los demás y se dedican a hacer lo bueno, sin importar de qué país sean” (Hch 10, 34-35); que inspire nuestra esencia religiosa y nos lleve a trabajar por el bien que preserva la igualdad entre todos.

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