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LA BOLSA DE LA FRATERNIDAD EN LA PANDEMIA

Publicado Julio 21, 2020

Por P. Ernesto Mejía M., cmf

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Hacia finales del mes de marzo del 2020 la pandemia llegaba a nuestro México y ella llevaba a experimentar una Semana Santa inédita en el mes de abril.

Se trastocaban muchas cosas de la vida diaria y de la vida de fe. En muchos momentos la muerte y la enfermedad eran las noticias diarias que llevaban al temor y a la incertidumbre.

Bajo toda esta atmosfera tan difícil los miembros de la Procura Misionera se reunían como podían, se encomendaban a Dios y trataban de dar una respuesta misionera en tiempos de pandemia.

Poniéndose en manos de Dios y con los instrumentos y medidas de sanidad requeridas la Procura Misionera optó por llevar una bolsa con alimento a jóvenes en situación de vulnerabilidad. No fue una decisión ni tarea fácil, ya que eran los tiempos más difíciles de la pandemia (no que a la fecha sean tiempos favorables). Los riesgos eran mayores, pero, la dinámica de ayuda estaba fortalecida por la fe y el ejemplo de muchos creyentes y personas de buena voluntad que en medio de esta pandemia no dejaban de crear redes de solidaridad.

De tal manera, entre ellos se organizaron: Unos para ir a hacer las compras, otros para hacer los guisos, otros llenando las bolsas de comida y otros ir a entregar el alimento, esta última parte era de las más riesgosas, no era “ponerle el pecho a las balas”, sino era tratar de hacer vida el mensaje evangélico: “Tuve hambre y me diste de comer…”.       

Para algunos puede ser una acción denominada “asistencialista”, pero, para la Procura Misionera era una respuesta evangélica de urgencia unida a las raíces de nuestra Cultura Mexicana: “Compartir un taquito con el necesitado”. Así, cada domingo durante tres meses (abril a junio) el grupo de la Procura llevó a dichos jóvenes el alimento. Y en esta dinámica solidaria, los miembros de la Procura se dieron cuenta de que al llevar esa bolsa de alimento, ellos también eran evangelizados.

La Procura Misionera se dio cuenta que dichos jóvenes son los rostros de Cristo en la ciudad y que en medio de ellos también hay relaciones de fraternidad, cuidado y respeto, quizá desde sus propios códigos y necesidades. A veces cuando los miramos desde lejos, tal pareciera que sus rostros solo reflejan vicio, pero, cuando te acercas a ellos, descubres que saben agradecer, uno de ellos expresó: “Que Dios les de más, para que ustedes nos den a nosotros, muchas gracias. Dios se los pague”.

Y ante todo pronóstico, estos jóvenes afrontaron la pandemia y siguen adelante. Son jóvenes con “su vicio” y como dijera uno de ellos: ¿Quién no tiene un vicio? Hoy en estos tiempos de pandemia y sus fuertes consecuencias no se trata de saber quien tiene o no tiene vicios. Se trata de seguir reconstruyendo el tejido social. Se trata, hoy más que nunca de ser buenos samaritanos, de ser solidarios y de no olvidarse de los caídos en el camino. “Desde lo poco y cercano, hasta que podamos”.

Agradecemos de manera especial a los miembros de la Procura: Rocío Torruco. Juana Leonardo. Daniel González. Irene Laris. Yeraldin Castillo. Eloy Castillo. María Ana Victoria. Silvia Hernández. Lourdes Alanís. Javier Laris. Y también a todos los grupos de Solidaridad y Misión de nuestra Provincia por su labor callada, su entrega y solidaridad en estos tiempos tan difíciles de COVID 19.

¡Sigamos adelante en misión compartida!

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