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TRIDUO DE ORACIÓN: SAN ANTONIO MARÍA CLARET

Publicado Octubre 21, 2020

Por ClaretianosMX

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TRIDUO DE ORACIÓN

para preparar la solemnidad de

San Antonio María Claret

en el 150 aniversario de su muerte

1870 - 2020

 

[ PROGRAMA ]

Día I

Poco me basta

 

Día II

Una vela que arde hasta que muere

 

Día III

He cumplido mi misión

 

 

 [ PRESENTACIÓN ]

Como es tradicional en la Congregación, nos preparamos para la solemnidad de san Antonio María Claret con un triduo de oración (cf. Dir 89). Este año 2020 reviste un carácter especial porque celebramos el 150 aniversario de su muerte.

Con objeto de ayudar a las comunidades en la celebración del triduo, la Prefectura General de Espiritualidad ofrece este folleto, preparado juntamente con los Equipos del CESC de Vic y el Centro Fragua de Los Negrales. Cada comunidad puede acomodarlo según sus características.

Los tres días siguen un esquema común y comparten la misma oración final. Cada uno de ellos está inspirado en una frase de Claret relacionada con su muerte. Leídas en la actual situación de  pandemia, nos ayudan a vivir este tiempo con lucidez, serenidad y esperanza.

Casi todos los cantos sugeridos están tomados del Directorio Espiritual. En cada lugar se pueden escoger los más adecuados, según las costumbres propias.

 

 Día I 

 Poco me basta 

INTRODUCCIÓN

Conocemos con bastante detalle, a través de las cartas que el P. Clotet escribió desde el monasterio de Fontfroide y posteriormente desde Prades1, cómo vivió Claret los días que antecedieron a su muerte. En este año en el que celebramos el 150 aniversario, su lectura sosegada nos ayudará a sintonizar mejor con el espíritu del Fundador. La manera como él murió está en perfecta continuidad con el estilo de vida que llevó. No murió mártir − como él hubiera deseado – pero sí perseguido y exiliado. En este primer día del triduo con el que nos preparamos para celebrar su fiesta, recordamos la pobreza de quien supo vivir con sobriedad porque para él Dios era “suficientísimo”.

En este tiempo de pandemia, en el que millones de personas han perdido sus trabajos y atraviesan por situaciones de gran precariedad, le pedimos a Dios, por intercesión de nuestro Fundador, que nos ayude también a vivir una vida sobria, fundamentada en la experiencia de Dios como nuestro tesoro y solidaria con los más necesitados.

 

CANTO (Directorio Espiritual, Canto 266, p. 322-323)

 

Misionero ideal,

Oh, Claret, mi buen amigo,

por el mundo voy contigo

al encuentro del Señor.

 

Quisiera ser como tú,

recorrer los caminos con un fuego interior,

arrastrar a los hombres tras un gran ideal

y decir a las islas el paso de Dios.

 

Quisiera ser como tú,

trabajar todo el día en la viña del Señor,

que otro use mis redes, que otro use el telar,

mi denario, mi herencia: el rostro de Dios.

 

Quisiera ser como tú,

y sentir la ternura del Materno Corazón,

que me envíe su brazo a los pueblos del sur

y me diga al oído: tu Madre soy yo.

 

Quisiera ser como tú,

caminar mil senderos, proclamar sin temor,

una mano en el tiempo, con la otra hacia Dios

y escuchar al Espíritu: Ya viene el Señor.

 

ORACIÓN

Dios misericordioso,

tú fuiste para san Antonio María Claret “suficientísimo”,

el tesoro que llenó su vida de amor y alegría.

Puesta en ti su confianza,

pudo vivir una vida pobre imitando a tu Hijo Jesús,

que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros.

Ayúdanos a vivir como él,

para que nuestro anuncio del Evangelio

sea creíble y llegue a los más pobres,

a quienes tú has elegido  

como los preferidos del Reino.

Te lo pedimos por Jesucristo,

nuestro Señor. Amén.

 

LECTURA BÍBLICA         Lc 9,1-6

“Habiendo convocado Jesús a los Doce, les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: «No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco tengáis dos túnicas cada uno. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si algunos no os reciben, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de vuestros pies, como testimonio contra ellos». Se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes”.

 

SALMO 15 (16)

Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».

No hay bien para mí fuera de ti.

En los santos que hay en la tierra, varones insignes,

pongo toda mi complacencia.

 

R/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

 

Se multiplican las desgracias

de quienes van tras dioses extraños;

yo no derramaré sus libaciones con mis manos,

ni tomaré sus nombres en mis labios.

 

R/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

 

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,

mi suerte está en tu mano:

me ha tocado un lote hermoso,

me encanta mi heredad.

 

R/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

 

Bendeciré al Señor que me aconseja,  

hasta de noche me instruye internamente.

Tengo siempre presente al Señor,

con él a mi derecha no vacilaré.

 

LECTURA CLARETIANA         Autobiografía

358. Veo que nos hallamos en un siglo [en] que no sólo se adora el becerro de oro, como lo hicieron los hebreos, sino que se da culto tan extremado al oro, que se ha derribado de sus sagrados pedestales a las virtudes más generosas. He visto ser ésta una época en que el egoísmo ha hecho olvidar los deberes más sagrados que el hombre tiene con sus prójimos y hermanos, ya que todos somos imágenes de Dios,  hijos  de Dios, redimidos con la sangre de Jesucristo y destinados para el cielo.

359. Consideré que para hacer frente a este gigante formidable que los mundanos le llaman omnipotente, debía hacerle frente con la santa virtud de la pobreza, y así como lo conocí, lo puse por Nada tenía, nada quería y todo lo rehusaba. Con el vestido que llevaba y la comida que me daban estaba contento. Con un pañuelo lo llevaba todo. Mi equipaje consistía en un breviario de todo el año, un vademécum en que llevaba los sermones, un par de medias y una camisa para mudarme. Nada más.

 

COMENTARIO

Llama la atención que, al final de su existencia, después de haber vivido una intensa vida misionera en Canarias Cuba, Madrid, París y Roma, Claret recordase la pobreza de su vida itinerante cuando recorría a pie Cataluña como misionero apostólico. Lo cuenta el P. Clotet en su biografía del Santo:

“EI cónsul de España en Perpiñán no era amigo de sotanas, y el embajador de España en París, que era el señor Olózaga, se había dado a conocer por sus ideas y era además enemigo personal del virtuoso arzobispo. Esto sucedía a fines de julio de 1870. Lo que más nos afligía era el tener que comunicarle la noticia, pues temíamos darle un sentimiento, mas, para evitárselo mayor, fue necesario advertírselo.

Se lo dijimos, en efecto, añadiendo que no habíamos perdido del todo la esperanza de obtener el permiso de que pudiese quedarse con nosotros: esperanza que quedó luego frustrada, porque, enterados algunos buenos amigos de las disposiciones del gobierno, advirtieron a nuestro P. Superior General [que] convenía que el señor Claret saliese pronto y ocultamente de Prades, pues iban a internarle.

EI señor superior del pequeño seminario, con aprobación y acuerdo del señor obispo de Perpiñán, había ya mandado un profesor al reverendo P. Prior del monasterio de Fontfroide para anunciarle que iba allí el varón de Dios, dando también conocimiento de ello a nuestro reverendísimo P. General. Ocurría esto el 5 de agosto. Al recibir el señor arzobispo la triste noticia, dijo con grande resignación: Bendito sea Dios; alabado sea Dios. Luego se reconcilió y se dispuso a partir. Como convenía que todo se hiciese ocultamente, no se dijo nada al noviciado. ¡Qué sentimiento - dijo un Padre a su excelencia - tendrían los jóvenes si supiesen lo que pasa!

¡Bendito sea Dios! -respondió él -; ya lo pensaba; al menos he tenido el gusto de verlos a ustedes.

Habiéndosenos encargado [que] saliese vestido de simple sacerdote, no hizo el Siervo de Dios la menor observación. Al componer el P. Ministro el saquito de noche para su viaje, Ie dijo su excelencia: No ponga usted sino dos pares de medias, una camisa y algunos pañuelos, lo cual me bastaba en Cataluña cuando iba a misiones”.

Estas palabras parecen un eco de las recomendaciones que Jesús da sus discípulos cuando los envía a anunciar el Reino de Dios y a curar a los enfermos. Claret es consciente de que siempre lo han acompañado. En la carta que escribe desde Roma a su colaborador Paladio Currius el 2 de octubre de 2869 le dice: “Me parece que ya he cumplido mi  misión: en París  y en Roma he predicado la ley de Dios. En París, como en la capital del mundo, y en Roma, capital del catolicismo. Lo he hecho de palabra y por escrito. He observado la santa pobreza” (EC, II, p. 1423). Observar la santa pobreza para Claret es mucho más que vivir una vida austera. Significa poner toda su confianza en Dios y dejarse guiar por Él.

La pandemia que estamos padeciendo nos obliga a repensar nuestro estilo de vida. ¿Necesitamos tantas cosas para vivir y anunciar? ¿No estaremos contribuyendo más de la cuenta al deterioro de nuestro planeta? ¿Cómo resuenan en nosotros las voces de quienes lo han perdido todo o arrastran una vida miserable? ¿Qué estamos haciendo para poner en práctica las orientaciones que el papa Francisco acaba de ofrecernos en la encíclica Fratelli tutti?

 

PRECES DE PERDÓN

Confiados en la misericordia de nuestro Padre, que nos quiere misioneros pobres, decimos:

R/. Señor, perdónanos.

Por no vivir con alegría que Tú eres nuestro tesoro.

Por rodearnos de ídolos que nos roban el corazón.

Por conducirnos como si los pobres no existieran.

Por pasar de largo ante las personas necesitadas.

Por no atrevernos a denunciar la injusticia.

Por habernos acostumbrado a una vida acomodada.

Por preocuparnos demasiado por nuestra seguridad.

Por confiar en los medios más que en tu Palabra.

Por no vivir la pobreza con gratitud y alegría.

 

ORACIÓN FINAL

Te damos gracias, Padre,

por la vida de san Antonio María Claret,

gastada como una vela que arde hasta el final

para que todos tus hijos e hijas

te conozcan, amen, sirvan y alaben.

Te pedimos que el recuerdo

del 150 aniversario de su muerte

avive en todos nosotros

el deseo de seguir buscando tu mayor gloria

y el bien de nuestros hermanos

y hermanas de todo el mundo.

Que el Corazón de nuestra Madre María  

ponga en nuestras vidas cordialidad y ternura

para ser siempre testigos y mensajeros creíbles

de la alegría del Evangelio.

Amén.

 

CANTO FINAL           (Te fuiste humildemente, Fernando Vil-Luis Elizalde)

Te fuiste humildemente,

pobre de casa y alma;

acabaste con paz

tu final caminata.

 

Cantaba un pajarillo

la humildad de tu marcha;

los coros de lo alto

cantaron tu llegada.

 

Misionero cansado

de dar palabra y gracia,

con la urgencia bendita

de amor que no descansa.

 

Te fuiste pobremente,

dejando esta ganancia:

el hatillo y el bordón

de anunciar la Palabra.

 

 Día II 

 Una vela que arde hasta que muere 

INTRODUCCIÓN

Nunca dejamos de celebrar. Cada día, desde el primer momento del despertar, trae consigo un motivo de celebración y de gratitud hacia nuestro Creador y Padre. Hoy celebramos juntos con gozo porque, como dice el proverbio, “una alegría compartida es doble alegría, una pena compartida es medio pena”. La celebración del 150 aniversario de la Pascua del P. Claret es una brisa balsámica que, en la fuerza de la oración compartida, nos insufla aliento para continuar nuestra misión.

En medio de las circunstancias persistentes de la pandemia, mantiene renovada nuestra esperanza al sentirnos ungidos y urgidos por el espíritu que animó a S. Antonio María Claret. Hoy nuestra oración resalta un aspecto particular de agradecimiento al Señor por la viva llama misionera que ardió en el alma de nuestro Fundador hasta consumirse. En estos momentos difíciles de inseguridad y desconcierto, por la pandemia que no cesa, pedimos la intercesión del P. Claret para seguir siendo luces que iluminan los problemas, dan calor de consuelo y se desgastan hasta apagarse por amor.

 

CANTO (Directorio Espiritual, Canto 267, p. 324-325)

Claret, cristiano de fuego,

pobre, casto y compasivo,

misionero al rojo vivo,

con afanes de andariego

y ardor de contemplativo.

 

Este es aquel siervo bueno

que sus talentos dobló,

que, muerto al mundo, vivió      

y, como un hijo del trueno,

de oriente a poniente ardió.

 

ORACIÓN

Dios y Padre nuestro,

te suplicamos humildemente,

que seamos llama ardiente hasta el final

como lo fue san Antonio María Claret.

 

Que brillemos como fuego nocturno,

que destellemos como faro en la tormenta,

como luz que nace en la hoguera de Dios,

e ilumina, irradia y caldea hasta el fin.

Que como zarza ardiente

no nos extingamos ni nos apaguemos,

porque hay quienes esperan,

anhelantes, la luz de vida

en la que Otro nos ha encendido.

 

Que amemos con ardor a todos

con amor único y diferente;

que dejemos en el anuncio

nuestra voz y nuestras fuerzas;

que nos desgastemos como la luz

de los apóstoles que se entregan

y resisten la intemperie.

 

Hasta el último día,

hasta el último destello,

hasta el último aliento.

 

En nombre de Aquel

que pasó por el mundo

iluminando y amando primero.

 

LECTURA BÍBLICA     Mt 5, 13-16

“En aquel tiempo, dijo Jesús: Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvirtúa ¿con qué se salará? Para nada vale ya, sino para tirarla y que la pisen los hombres. Vosotros sois la luz del mundo No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para taparla con una  vasija  de  barro,  sino  que  se  pone  sobre  el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille de tal modo vuestra luz delante de los hombres que, al ver vuestras buenas obras, den gloria a vuestro Padre que está en los cielos”.

 

SALMO 36

Confía en el Señor y haz el bien,

habita tu tierra y practica la lealtad;

sea el Señor tu delicia,

y él te dará lo que pide tu corazón.

 

R/. Los justos verán la salvación de Dios.

 

Encomienda tu camino al Señor,

confía en él y él actuará:

hará tu justicia como el amanecer,

tu derecho como el mediodía.

 

R/. Los justos verán la salvación de Dios.

 

Descansa en el Señor y espera en él.

El Señor es quien salva a los justos;

Él es su alcázar en el peligro;

el Señor los protege y los libra,

porque se acogen a él.

 

R/. Los justos verán la salvación de Dios.

 

 

LECTURA CLARETIANA

Sorprende una frase del P. Claret escrita de su puño y letra justamente el 26 de mayo del mismo año de su muerte (1870) y que recoge de forma metafórica y sintética su disposición interior, abocado ya al desenlace final: “Tengo que ser como una vela que arde, gasta la cera y luce hasta que muere”. Esta postrera expresión claretiana recoge las esencias de su experiencia espiritual al final de su vida y hoy nos da pie para orar. Nuestro Fundador mantuvo siempre viva su conciencia de irradiar mientras le duró el aliento.

 

COMENTARIO

Nadie ingiere la sal sola. La sal es ingrediente culinario indispensable que necesita diluirse con otros alimentos para conservarlos y enriquecer su sabor. La luz no se alumbra a sí misma, sino que ilumina la realidad circundante. No se coloca una lámpara en el candelero para ser exhibida, sino sobre todo para que dé luz a otros.

Jesús no nos dice que nos esforcemos por convertiros en luz, sino que sepamos que ya lo somos. La vela, mientras está  encendida, no debe afanarse por conseguir luz, porque ya la posee. La luz es su don natural. Con este símil, el Maestro nos indica que no tenemos que conquistar la presencia de Dios en nosotros. La tenemos ya. Estamos habitados por su luz. Sólo nos toca tomar conciencia de ella e irradiarla sin oscurecerla ni apagarla. San Antonio María Claret es nuestro modelo que seguir.

Aprendamos la humildad de la sal y de la luz. Para ser útiles, deben sufrir un proceso de deterioro y desgaste. La sal, para dar sabor, se disuelve; la luz, al mantenerse viva, consume su energía. Como seguidores de Jesús, como hijos del P. Claret, no busquemos atraer la atención hacia nosotros. Seamos espejos que reflejan la verdadera Fuente de la Luz que nunca se apaga, que es Dios, y de la Vida que vence a la muerte, que es Cristo.

La sal y la luz no tienen como finalidad el perpetuarse a sí mismas, sino el mezclarse y fundirse. Como Claret, no hemos de vivir para nosotros mismos, sino para Él que por nosotros murió y resucitó. Y, unidos a Él, atraer a muchos hacia quien es el Camino, la Verdad y la Vida. No atraemos hacia nosotros mismos. Al precio que sea, que nunca será menor que el entregar la vida. Así fue en el P. Claret, que pasó por la cruz, por la lógica del Misterio Pascual, que identifica la vida misionera entregada.

Mantengamos viva la memoria de nuestro Fundador. No para quedarnos anclados en el pasado, que siempre hemos de agradecer; sino para mantener encendida la vela hacia el futuro que anuncia sin descanso la llegada del Reino. Que nuestra vida personal y comunitaria sea “luminosa y sabrosa”, especialmente en este escenario de pandemia que nos llena de incertidumbres, pero que abre también una oportunidad singular para vivir con entrega creativa y con esperanza inquebrantable nuestra vocación recibida.

 

PRECES DE PETICIÓN

Animados por el Espíritu de Jesús, presentamos a Dios Padre nuestras plegarias a favor de la Iglesia y del mundo.

R/. Señor, danos un corazón nuevo.

Por la Iglesia, especialmente por la Iglesia perseguida, para que sea siempre atenta y solícita en la evangelización de los pueblos. Roguemos al Señor.

R/. Señor, danos un corazón nuevo.

Por nuestra Congregación para que esté al lado de los que sufren, lloran, se encuentran solos, están afligidos, viven los efectos de la pandemia y necesitan una palabra de aliento y consuelo. Roguemos al Señor.

R/. Señor, danos un corazón nuevo.

Por la Iglesia y nuestra Congregación, para que suscites nuevas vocaciones misioneras que muestren tu luz, y sean testigos, con sus palabras y sus vidas, de tu amor y tu bondad a todos los hombres. Roguemos al Señor.

R/. Señor, danos un corazón nuevo.

Por esta hora difícil de pandemia que atraviesa nuestro mundo, para que sepamos afrontar con solidaridad y coraje los desafíos de la realidad, y trabajemos unidos impulsados por tu caridad. Roguemos al Señor.

R/. Señor, danos un corazón nuevo.

Por todos nosotros, para que encendidos como el P. Claret en el fuego de tu Espíritu lleguemos a ser misioneros idóneos para hacer presente tu Reino. Roguemos al Señor.

R/. Señor, danos un corazón nuevo.

Oremos, todos juntos, con la oración que el Señor nos enseñó: Padre nuestro.

 

ORACIÓN FINAL

Te damos gracias, Padre,

por la vida de san Antonio María Claret,

gastada como una vela que arde hasta el final

para que todos tus hijos e hijas

te conozcan, amen, sirvan y alaben.

Te pedimos que el recuerdo

del 150 aniversario de su muerte

avive en todos nosotros

el deseo de seguir buscando tu mayor gloria

y el bien de nuestros hermanos

y hermanas de todo el mundo.

Que el Corazón de nuestra Madre María  

ponga en nuestras vidas cordialidad y ternura

para ser siempre testigos y mensajeros creíbles

de la alegría del Evangelio.

Amén.

 

CANTO FINAL           (Te fuiste humildemente, Fernando Vil-Luis Elizalde)

Te fuiste humildemente,

pobre de casa y alma;

acabaste con paz

tu final caminata.

 

Cantaba un pajarillo

la humildad de tu marcha;

los coros de lo alto

cantaron tu llegada.

 

Misionero cansado

de dar palabra y gracia,

con la urgencia bendita

de amor que no descansa.

 

Te fuiste pobremente,

dejando esta ganancia:

el hatillo y el bordón

de anunciar la Palabra.                                                                            

 

 Día III 

 He cumplido mi misión 

INTRODUCCIÓN

Hoy acabamos el triduo de preparación para la celebración de los 150 años de la muerte de nuestro santo Padre Fundador. En esta oración queremos recordar una vez más y agradecer este don que Dios nos ha hecho con la vida y misión de Claret. Él ha sido y continúa siendo la voz de la Palabra que nos invita, a nuestra vez, a ser continuadores de aquella voz. Nuestro mundo necesita una palabra de esperanza en medio de las dificultades, a las cuales se han añadido en estos últimos meses la pandemia del COVID-19. Seducidos por la Palabra, como Claret, nos sentimos enviados a continuar el grito del Apóstol.

 

CANTO (Directorio Espiritual, Canto 267, p. 324-325)

Era una flecha certera,

que va al blanco con pasión;

tenía en el corazón

de su Madre y Medianera

la aljaba de su ilusión.

 

Pastor de noble cayado,

hizo Iglesia de tal suerte,

que siempre fue dulce y fuerte,

y hasta morir desterrado

buscó la vida en la muerte.

 

Señor del bieldo y del trigo,

Cristo Jesús, Salvador,

por este, tu fiel amigo,

llévanos siempre contigo

hacia el Padre en el Amor.

 

ORACIÓN INICIAL

Señor, Dios nuestro, en un mundo saturado de ruidos y palabras, que sepamos, como Claret, distinguir la Tuya y anunciarla a tiempo y a destiempo; y que al final de nuestra vida podamos decir con palabras de tu Hijo y de Claret, que hemos cumplido la misión que nos encomiendas. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

LECTURA BÍBLICA       2 Tim 4, 1-8

“Ante Dios y ante Jesucristo que, manifestándose como rey ha de venir a juzgar a vivos y muertos, te ruego encarecidamente: predica la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, corrige, reprende y exhorta usando la paciencia y la doctrina. Porque vendrá el tiempo en que los hombres no soportarán la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de multitud de maestros que les dirán palabras halagadoras, apartarán los oídos de la verdad y se volverán a las fábulas. Tú, sin embargo, procura ser prudente siempre, soporta el sufrimiento, predica el evangelio y conságrate a tu ministerio.

Yo ya estoy a punto de ser derramado en libación, y el momento de mi partida es inminente. He combatido el buen combate, he concluido mi carrera, he guardado la fe. Solo me queda recibir la corona de salvación, que aquel día me dará el Señor, juez justo, y no solo a mí, sino también a todos los que esperan con amor su venida gloriosa”.

 

SALMO 22

El Señor es mi pastor, nada me falta.

En verdes praderas me hace reposar,

me conduce a fuentes tranquilas, y recrea mis fuerzas.

 

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.

 

Me guía por el sendero adecuado,

haciendo honor a su nombre.

Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré:

porque tú vas conmigo; tu vara y tu cayado me dan seguridad.

 

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.

Preparas ante mí una mesa en presencia de mis enemigos;

me unges con perfume la cabeza, y mi copa rebosa.

Tu amor y tu bondad me acompañan

todos los días de mi vida;

y habitaré en la casa del Señor a lo largo de mis días.

 

LECTURA CLARETIANA

Carta de Claret a su amigo D. Paladio Currius, desde Roma, el 2 de octubre de 1869:

“Yo he sufrido más de lo que acostumbro. Tengo ganas de morir… Me parece que ya he cumplido mi misión. En París, en Roma he predicado la ley de Dios: en París como la capital del mundo y en Roma capital del catolicismo; lo he hecho de palabra y por escrito. He observado la santa pobreza…” (EC II, 1423).

 

COMENTARIO

Llama poderosamente la atención el paralelismo entre este texto de Claret y las palabras de Pablo a Timoteo. En último término, ambas son un eco de la exclamación de Cristo en la Cruz: “Todo está cumplido” (Jn 19,30). Justo un año antes de morir, Claret pudo afirmar: “He cumplido mi misión”.

Claret mismo reconoce que “desde muy niño” había oído la Palabra de Dios y se le había quedado muy dentro. Fue una semilla en tierra fértil, pero dormida como en invierno; surgió en primavera cuando menos se lo esperaba. De ahí que, cuando entró en crisis en Barcelona, afloró el recuerdo de una frase, que ni acababa de leer ni de escuchar: “¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su vida?” (Mt 16,26). Nos resuenan las palabras de Isaías: “Como la lluvia y la nieve caen del cielo, y solo vuelven allí después de haber empapado la tierra, de haberla fecundado y hecho germinar… así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí de vacío, sino que cumplirá mi voluntad y llevará a cabo mi encargo” (Is 55,10-11).

La vida de Claret fue una tierra compleja. Durante un tiempo pareció que la semilla había caído al borde del camino, o en terreno pedregoso, o entre cardos, pero no era verdad. En el fondo, había una tierra buena que a la larga prevaleció (cf. Mt 13, 3-8). La Palabra recordada en Barcelona acabó transformando su horizonte y sus ilusiones. No invertir la vida buscando ganar un futuro exitoso en el mundo textil, sino perderla dándola en otra dirección. Se le abrió un camino nuevo, el de Jesús evangelizador de la Palabra del Padre.

La formación bíblica que el obispo Corcuera fue dando a sus seminaristas, marcó para siempre la vida de Claret: conocer la Palabra, vivirla y anunciarla. Fue la Palabra la que le hizo dejar Sallent para ir a Roma, recorrer Cataluña y Canarias. Así escribía al obispo Casadevall desde Las Palmas de Gran Canaria: “Yo voy solo como un desesperado, predicando y confesando día y noche…” (EC I, 280). Una vez más encontramos aquí el eco paulino: “… Anunciar el Evangelio no es para mí un motivo de gloria; es una obligación que tengo, ¡y pobre de mí si no lo anunciara!” (1Cor 9,16).

En Cuba, por anunciar el Evangelio en medio de circunstancias de injusticia y opresión, estuvo a punto de perder la vida física; basta recordar el atentado de Holguín. Y en el período de Madrid, incluso estuvo perdiendo la fama y la honra a causa de las continuas difamaciones que le levantaban. Abrazado a la Palabra, nunca se defendió, siguiendo el ejemplo del Maestro: “Jesús callaba” (Mt 26, 63). E incluso descubrió que callando ganaba: “Si los enemigos supiesen el bien que me hacen con  sus calumnias, de seguro que no lo hacían” (PIV, s.55). En el momento culminante de su muerte, Claret se dio cuenta de que habiéndolo dado todo estaba llegando la hora de ganarlo todo definitivamente.

Demos gracias a Dios por la doble herencia recibida: la Palabra y el ejemplo de Claret. La celebración de los 150 años de su encuentro pleno con Cristo, la Palabra, es la oportunidad para preguntarnos: ¿Qué lugar ocupa ella en nuestra vida? ¿Es efectivamente la luz que ilumina nuestra existencia y el aguijón de nuestra entrega misionera?  Que  el  testimonio  de  la  vida  de Claret, centrada en la Palabra, sea nuestro continuo compañero de viaje.

 

PRECES DE ACCIÓN DE GRACIAS

Gracias, Padre, porque en una sola Palabra, tu Hijo, nos lo has dicho todo. Con Ella pusiste desde los tiempos eternos el  germen de la  alegría  y la  esperanza del mundo hasta el final de los tiempos.

R/. Te damos gracias, Señor.

Gracias, Señor, por María, nuestra Madre, que guardaba tu Palabra en su Corazón, nos La entregó en Belén y nos confiaste a su cuidado materno en la Hora de la Cruz. Y porque continúa formando a nuevos evangelizadores en la Fragua de su Corazón.

R/. Te damos gracias, Señor.

Gracias, Señor, por Claret, que anunció tu Palabra a tiempo y a destiempo, y a todo tipo de personas: desde reyes hasta esclavos, desde niños hasta ancianos, y en culturas y mundos diversos. Y que todavía continúa anunciándonosla con su recuerdo, sus escritos y su intercesión.

R/. Te damos gracias, Señor.

Gracias, Señor, por tantos misioneros claretianos que, a lo largo de estos 171 años de historia, han sido luz de tu Palabra con su martirio, con su predicación en los varios ministerios, y con tanta presencia eficaz y silenciosa en nuestras comunidades.

R/. Te damos gracias, Señor.

Gracias, Señor, por tantas hermanas y hermanos de nuestro mundo, los santos de la puerta de al lado, que no predican con palabras, sino con la entrega de su vida, en medio de los gozos y sufrimientos de cada día.

R/. Te damos gracias, Señor.

 

ORACIÓN FINAL

Te damos gracias, Padre,

por la vida de san Antonio María Claret,

gastada como una vela que arde hasta el final

para que todos tus hijos e hijas

te conozcan, amen, sirvan y alaben.

Te pedimos que el recuerdo

del 150 aniversario de su muerte

avive en todos nosotros

el deseo de seguir buscando tu mayor gloria

y el bien de nuestros hermanos

y hermanas de todo el mundo.

Que el Corazón de nuestra Madre María  

ponga en nuestras vidas cordialidad y ternura

para ser siempre testigos y mensajeros creíbles

de la alegría del Evangelio.

Amén.

 

CANTO FINAL: HIMNO AL CORAZÓN DE MARÍA

(Canto 254, en Directorio Espiritual CMF, p. 302)

Gloria a Ti, Corazón de María,

fiel creyente en Jesús, el Señor.

Te aclamamos: “La llena de Gracia”,

Reina y Madre del pueblo de Dios.

Con la fuerza y el don del Espíritu,

compartiendo la vida y el pan,

anunciamos la buena noticia,

construimos el Reino en la paz.

Te aclamamos: “La llena de Gracia”,

Reina y Madre del pueblo de Dios.

 

 

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