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LA PALABRA DE DIOS Y EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN

Publicado Marzo 16, 2021

Por Est. Juan Carlos González Carrera, cmf

La comunidad cristiana tiene la responsabilidad en la construcción y transformación del mundo en el que vivimos, la protección de la Tierra y la evolución de los valores sociales, culturales, políticos, económicos y ecológicos para bien de la dignidad humana; tiene una gran tarea con “El cuidado de la casa común”, nos lo dice el Papa Francisco en su Encíclica Laudato si´.

En esto quiero invitar a todos, porque como cristianos no podemos ser indiferentes al deterioro de “La casa común”, pues, estamos llamados a reflexionar y dar respuestas inmediatas y concretas a las predicciones catastróficas que estan conduciendo al mundo a una casa que se asfixia, cada vez con más intensidad, por la contaminación del medio ambiente y los cambios de la naturaleza.

Esta reflexión me nace desde la formación y continuada en mi experiencia de misión, en donde he podido apreciar que nos hace falta seguir impulsando proyectos que nos ayuden a ser conscientes en este tema.

La misma comunidad cristiana tiene un compromiso con “El cuidado de la casa común” con fundamento en las orientaciones que el Papa Francisco nos da en la Encíclica Laudato si’; y que nos permitirá construir un gran escenario en donde líderes políticos, investigadores y toda la comunidad cristiana, podremos sensibilizarnos y proceder frente a todos los problemas que preocupan a la humanidad en especial en: “El cuidado de la casa común”.

La Biblia nos dice, «el Dios que libera y salva es el mismo que creó el universo» y «en Él se conjugan amor y poder». El número 73 de la Laudato si´ nos lo recuerda también cuando nos habla del Dios amoroso que ha entregado su creación a la humanidad.

El relato de la creación es central para reflexionar sobre la relación entre el ser humano y las demás creaturas, y sobre cómo el pecado rompe el equilibrio de toda la creación en su conjunto.

En la creación hay un orden y una armonía, no sólo porque es fruto de la Palabra creadora de Dios, sino porque Él mismo ratificó esa armonía y esa bondad con su bendición, algo que es exclusivo en Él, y que aquí es también todo un mensaje esperanzador.

Estas narraciones sugieren que la existencia humana se basa en tres relaciones fundamentales estrechamente conectadas: la relación con Dios, con el prójimo y con la tierra, ya que Dios no olvida a su creación.

Según los tiempos actuales nos recuerdan que las tres relaciones vitales se han roto, no sólo externamente, sino también dentro de nosotros, pues solemos ser indiferentes al sufrimiento y descuido de la creación.

Esta ruptura podemos verla como el pecado en el que todos somos colaboradores, ya que no hemos sabido ser cuidadores y defensores de nuestra casa común, al no poder seguir llevando proyectos que ayuden a detener el deterioro, sino que nos hemos vuelto cómplices de esta destrucción.

La creación es un regalo, no una propiedad; nos fue entregada para administrarla, no para destruirla. Por ello, debemos respetar las leyes de la naturaleza, ya que toda la creación posee su bondad y esto lo sabían muy bien nuestros antepasados que le daban a la creación su tiempo y cuidado. Algo que ahora vemos como incomprensible y como locura, y que no nos hace ser buenos cuidadores de la casa común.

Junto con el libro del Génesis hay que recordar también los Salmos con su invitación a alabar al Creador. Y ahora, apoyarnos de las mismas investigaciones que el hombre puede hacer para detener la destrucción misma de la casa común, porque Dios y la ciencia no están peleadas, sino que pueden ayudar. La primera intención de los sabios de Israel es liberar a Dios de toda responsabilidad respecto a la injusticia y al mal en el mundo. Y esto hay que seguirlo trabajando, ya que en muchos momentos, es el ser humano el destructor de la creación por no querer ser un cuidador de ella misma.

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