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CLARET: LA PALABRA DE DIOS Y NUESTRA MISIÓN

Publicado Octubre 21, 2021

Por P. Miguel A. Portugal Aguilar, cmf

“Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida?” (Mt 16, 26).   

Hacia el año 1828 Claret sufre una crisis de quehacer e identidad con aquella frase del Evangelio conocida como el “Quid Prodest” y que se traduce a su situación personal como: “De qué le sirve al hombre ganar el mundo si al final se pierde a sí mismo”.

Este acontecimiento fue para Claret decisivo en su discernimiento que traía entre manos, cuando se enfrenta a la encrucijada de adiestrarse en las cosas del mundo o dedicarse de lleno a servir a Dios con todo su ser y potencialidades prominentes que tenía.

Sigue siendo para nosotros cristianos de estos tiempos un paso decisivo y un tema obligado para responder con autenticidad a la vocación que hemos sido llamados desde nuestro bautismo: Somos hijos de Dios, pero estamos llamados a serlo en plenitud. La trascendencia a este mundo y sus propuestas ha de ser impulsada por el Evangelio para aspirar a las cosas de arriba siendo responsables y coherentes con las circunstancias de tiempo y espacio que nos toca vivir en nuestro cada día.

“Él les dijo: Y ¿por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre?" (Lc 2, 49).

Hacia el año de 1836, Claret goza de una plena actividad apostólica. Habita en la casa rectoral de Sallent con su hermana María. Es en este momento de su vida cuando más cae en la cuenta de que su vida es para la obra de Dios. Entiende de una manera especial que debe dedicarse a las cosas de su Padre y que el mundo sólo le ofrece falacias y fantasías que no llenan su corazón y más bien lo dejan sediento y vacío de eternidad.

El Evangelio sigue inspirando nuestra capacidad de Dios y sobre todo continúa lanzándonos a la obra apostólica iniciada por el Maestro: Jesús de Nazareth. Claret, se concibe como servidor del Reino y fiel a la gran obra del Padre, que en Jesús ha iniciado un nuevo pacto de filiación en el Hijo amado que dedicado a las obras de su Padre, abre un camino para todo aquel que es discípulo y se consagra como servidor del Reino que acontece en la historia. 

Hoy hace falta a nuestro mundo dedicarse a las cosas del Padre Bueno. El Papa Francisco a través de sus enseñanzas nos está retando a ser fieles a las “cosas del Padre” en la defensa de la creación y especialmente humanizar la vida y en esto tendrá consistencia hoy el Evangelio para permanecer en las cosas del Padre.

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos  y proclamar un año de gracia del Señor" (Lc 4, 18).

El 16 de julio 1849, funda la Congregación en una celda del seminario de Vic, España. El 11 de agosto recibe el nombramiento como arzobispo de Cuba y el 4 de octubre lo acepta.

Ya desde este tiempo Claret se da cuenta de su misión universal que el Espíritu llevará a cabo con la Congregación en salida misionera. Sin embargo, la experiencia de Cuba le abre un nuevo panorama en su itinerario misionero y espiritual cayendo en la cuenta de que su espíritu es para todo el mundo. Ese celo e intuición misionera es seguramente inspirada por el dador de todo don: El Santo Espíritu.

Los llamados a la vida misionera seguimos siendo conscientes de que nuestro servicio a la Palabra sobrepasa geografías y culturas, por eso desde una respuesta de Iglesia en salida misionera, queremos colaborar en esta empresa del Evangelio que es proyectar los valores de Jesús para que sean un referente para todas la culturas y religiones del mundo y podamos tener vida en Jesús y vida en abundancia.

 

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