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LA PALABRA DE DIOS Y LA SINODALIDAD

LA PALABRA DE DIOS Y LA SINODALIDAD

  • Fecha: 16-02-2022
  • Autor: Hno. Juan Carlos Bugarín Lara, cmf

Pareciera que en la Iglesia se ha puesto de moda la palabra “sinodal”. Aunque este término nos parezca nuevo, revolucionario e incluyente siempre ha estado presente en las comunidades cristianas, cada vez que se ha tenido la necesidad de tomar una decisión se consulta a un grupo de personas.

Tal vez, lo novedoso de los procesos sinodales es que ahora las voces de los laicos se han integrado. Esto tiene que ser una moción del Espíritu Santo. Estamos acostumbrados a que sean los obispos quienes tengan sínodos o que los religiosos celebren capítulos y luego nos hagan saber qué decidieron y cómo nos comprometieron.

Un proceso sinodal implica que participen todos los involucrados, o al menos una representación, en la actividad pastoral, que hagan oír su voz, discernir y comprometerse juntos, no hay lugar para sujetos pasivos. La novedad consiste en que ya no serán los pastores quienes decidan por las ovejas, sino que juntos y buscando siempre lo mejor para el rebaño se hará camino.

Ahora sí, es momento de ver la sinodalidad desde la Palabra de Dios. Jesús dijo: “Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20). Es por eso que ahora, en este proceso, no estamos solos, el Señor se hace presente en medio de nuestros sínodos, asambleas y capítulos. No son meras decisiones humanas, quien es el Camino nos impulsa a caminar.

Si miramos hacia atrás, encontraremos en la historia de la Iglesia no pocos concilios, sínodos, asambleas y capítulos que llevaron a revisar y actualizar estructuras para acoger a aquellos que andan como ovejas sin pastor. Prueba de ello es el Concilio de Jerusalén (Cfr. Hch 15,1-22), en el que se reunieron los apóstoles y los ancianos para discernir la manera de acoger a los cristianos procedentes del paganismo.

Aunque la Biblia es rica en textos que hacen alusión a la sinodalidad, quiero hacer presente la elección de Matías (Cfr. Hch 1, 15-26), a falta de Judas, el traidor, eligen un nuevo apóstol por medio de la oración y la suerte. Parecerá irrisorio que por medio de la suerte se decida quien formará parte del selecto grupo de los Apóstoles.

Ahora bien, así como en la elección de Matías, no fue la suerte quien lo eligió sino el Espíritu Santo, cabe señalar que en nuestros procesos sinodales, no olvidemos que es también el Espíritu Santo quien decide.

Oremos por nuestro XVII Capítulo para que descubramos el sueño de Dios para nuestra Provincia.